domingo, 6 de abril de 2014

Facilidades judías en Jaén.

RESTOS MATERIALES DE LA PRESENCIA JUDIA EN LA CIUDAD DE JAEN

La Sinagoga
En el Real Monasterio de Santa Clara de Jaén,  la fachada trasera que da a la calle de Santa Cruz  presenta un pequeño trozo de muro que sobresale del resto y que muestra un corte muy irregular. Éste viene identificándose con el único vestigio que habría sobrevivido de la antigua Parroquia de Santa Cruz, anterior sinagoga en tiempos medievales. La existencia de esta sinagoga queda demostrada gracias a un documento de 1413 emitido por el Cardenal de Montearagón, referido a un pleito de las monjas de Santa Clara con la nueva iglesia de Santa Cruz que se señala como antigua sinagoga y de la que se indica que estaba situada al otro lado del refectorio del convento.

·         Sobre la Iglesia de San Andrés

       En el año de 1971, don José Chamorro en su “Guía artística y monumental de la ciudad de Jaén” expresaba acerca de la iglesia de San Andrés que los arcos mudéjares de sus naves “… evocan el recuerdo de Santa María la Blanca y que, apreciados por distinguidos hebraístas, han afirmado que sin duda tienen su origen en algún edificio judío, principalmente sinagoga”.

       Posteriormente, los Historiadores del Arte don Pedro Galera y Luz de Ulierte, magníficos conocedores y estudiosos del Patrimonio Artístico de Jaén, se hicieron eco también de esta posible vinculación de San Andrés con una sinagoga.

       El Historiador don Luis Coronas y el Arqueólogo don Vicente Salvatierra, ambos máximos especialistas en el período histórico de que tratamos, en cambio, descartan tal posibilidad argumentando las siguientes razones de peso: Por una parte, está documentada la existencia de la Iglesia de San Andrés ya en el año 1311, momento en que los reyes cristianos aún se mostraban tolerantes con los judíos por lo que no es probable que les arrebataran su sinagoga para la construcción de un nuevo templo cristiano.


La Yad
La palabra Yad significa en hebreo “mano” y así es como los judíos denominan al puntero con el que el rabino sigue la lectura de la Torah para evitar el contacto directo de ésta con el cuerpo humano, una forma de evitar la “contaminación” del libro sagrado con sustancias impuras.

       En las excavaciones arqueológicas  realizadas en el solar ocupado hoy por la Casa de las Artes “Sabetay d’Jaen” (Universidad Popular), en el corazón de la judería, se descubrió uno de estos punteros en la bodega de una casona del siglo XIV, aunque su identificación no está aún del todo clara. Para unos especialistas podría tratarse de un adorno para el pelo y para otros se ajusta a lo que sería un puntero judío o yad. El objeto en cuestión parece estar realizado en marfil, aparece labrado en su parte superior con 7 círculos concéntricos y presenta una pequeña hendidura de sujeción, como para quedar colgando de algún punto.
         El descubrimiento de este objeto, claramente asociado a la religión judía, demostraría la presencia de judíos (conversos aparentemente) en la ciudad de Jaén aún después de la expulsión de 1492 y refutaría la identificación tradicional de este barrio como la verdadera judería de Jaén.


El Coro de la Catedral

       La sillería del coro de la Catedral se ejecutó a lo largo del siglo XVI, añadiéndose algunos elementos en el siglo XVIII.

       Sus relieves decorativos muestran imágenes de santos y escenas bíblicas del Antiguo y del Nuevo Testamento, es decir, escenas de la historia del pueblo judío.

       A lo largo de la historia, el arte ha creado un estereotipo del aspecto físico que tendría un judío para ayudar fácilmente a su identificación: rostros con nariz aguileña, mentón pronunciado y, en numerosas ocasiones, rostros de semblante feo y desagradable, para que el espectador los asociara rápidamente con  algo casi maligno que había que rechazar. Muchas de las representaciones de judíos que aparecen en la sillería de la catedral participan de estos estereotipos. 

       Pero más allá de estas “estampas de judíos” predeterminadas, el coro de Jaén nos muestra  cómo eran sus vestimentas, no en la Palestina de Jesús, sino en el Jaén de principios del siglo XVI cuando se hicieron las sillas corales. Y nos enseñan también los sambenitos de los condenados por la Inquisición y  las características rodelas que los judíos estuvieron obligados a llevar, impuestas por leyes reales y normas de la Iglesia desde época medieval. Las rodelas eran pequeños trozos de tela de forma circular, de color rojo o amarillo, que se colocaban en el hombro, sobre el vestido o sobre la capa, como una marca o distintivo de su condición de judíos.


El Friso gótico de la Catedral

       La fachada trasera de la Catedral, orientada hacia la calle de Valparaíso o “callejón de la mona”, está recorrida en toda su longitud por una moldura de estilo gótico florido fechada hacia finales del siglo XV y principios del siglo XVI y atribuida al cantero Enrique Egas.
       El profesor jiennense don Emilio Luis Lara López ha estudiado la cenefa y según su criterio tendría la siguiente interpretación: la popular “mona” de la catedral representaría al judío sedente, figura que abre un discurso antisemita de advertencia al cristiano medieval, para que éste no caiga en la tentación de judaizar  e incluso para invitar a los propios judíos a la conversión como medio de rechazar al maligno y alcanzar la salvación.

       Así  contextualizados, los diferentes elementos decorativos  que recorren la cenefa se interpretan como símbolos judíos (figuras de cerdos que aludirían a los “marranos”, es decir, a los judeoconversos tal y como se les llamaba en aquella época), cristianos (granadas que simbolizarían la Iglesia; una gárgola con posible forma de pelícano y espigas de trigo que representarían la eucaristía; conchas que significarían el bautismo, la conversión, etc.) e inquisitoriales (figuras humanas y animales atadas a unas ruedas en llamas que podrían representar a los conversos penitenciados, condenados a la hoguera por la Inquisición.)