La
“Ruta por la Judería de Jaén” que proponemos, comienza en la popular Plaza de
Santa María, en la que imponente la Catedral de Jaén, edificada según trazas
de Andrés de Vandelvira. Está considerada como uno de los mejores exponentes
del Renacimiento Español y, actualmente, es candidata a la declaración como
Patrimonio de la Humanidad. Esta Catedral, sin duda una de las más hermosas de
España, está estrechamente relacionada con la persecución a que estuvieron
sometidos los judeo- conversos jiennenses en algunas etapas históricas. En la
misma plaza encontramos el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento de Jaén, lo que
configura este espacio como el centro por excelencia del poder local.
En
una de las capillas de la anterior Catedral gótica se exponían los sambenitos
de los condenados por la Inquisición. Fue en una reunión de su Cabildo donde
nacería el germen de los Estatutos de Limpieza de Sangre, que después se
generalizarán en los dominios del Imperio tras la aprobación por el Cardenal
Siliceo, en 1547, de los tristemente famosos Estatutos de la Catedral de
Toledo. Dichos Estatutos tenían como objetivo impedir el acceso a determinados
oficios y dignidades a aquellos que no acreditaran su condición de “cristianos
viejos”, es decir, que no tenían ascendencia judía o musulmana.
Merece
la pena visitar el interior de este gran templo, que fue concebido por el
arquitecto como un gran Relicario en el que guardar la sagrada reliquia del Santo Rostro de
Cristo y
donde se guardan también otros preciados tesoros. En varias de las escenas
dedicadas al Nuevo Testamento, en la extraordinaria sillería del Coro, pueden
verse imágenes de judíos con la característica “rodela”, un distintivo circular
que servía para señalar a los miembros de la comunidad israelita en tiempos
medievales y que se les obligó a portar en determinados periodos.
La
fachada exterior de la cabecera de la Catedral conserva un friso gótico en el
que, mediante un discurso iconográfico de muy principios del siglo XVI, se
representa a los judíos como un pueblo maldito que puede llegar a salvarse a
través del bautismo y la fe católica. Este friso nace en un contexto
territorial y político donde la Inquisición tiene una fuerte presencia en la
ciudad de Jaén. De hecho en este mismo entorno catedralicio residieron Diego de
Deza y Alonso Suárez, que ocuparon, paralelamente a su condición de Obispos de
Jaén, el cargo de Inquisidores Generales. Igualmente, sabemos que a Anales de
1502, el “Consejo de la Suprema y General Inquisición”, máximo órgano colegiado
de la misma, mantenía sus reuniones en la posada del Obispo de Jaén.
Por
último debemos destacar que fue la plaza de Santa María uno de los lugares
donde se desarrollaron los Autos de Fe del Tribunal de la Inquisición de Jaén,
que se fundó en 1483, constituyéndose como el tercero de España, tras los de
Sevilla y Córdoba, sin duda por el elevado número de judeoconversos que
habitaban la ciudad.
Continuando
por la calle Maestra, en el margen derecho, encontramos una hermosa hornacina
con un Crucificado, conocido popularmente con el nombre de “Cristo del Amparo”, el cual, según la
tradición, se apareció en dicha pared cuando un grupo de judíos intentó
profanar una procesión que marchaba hacia la Catedral.
La
calle Maestra ha sido el eje principal del comercio de la ciudad hasta hace
unas décadas, y fue espacio donde los giennenses de origen judío tuvieron gran
parte de sus tiendas, comercios y oficinas en tiempos antiguos. No conviene dejar
de transitar por alguna de las callejuelas que circundan la calle Maestra,
especialmente la evocadora calle Arco del Consuelo, típico adarve medieval
que hoy alberga algunas de las tascas centenarias más típicas de la ciudad.


Volviendo a la calle Maestra,
encontramos un edificio que actualmente acoge el Palacio Municipal de Cultura.
Son los restos del que fuera Palacio de Don Miguel Lucas de Iranzo, barón, conde y
condestable de Castilla en tiempos de Enrique IV. Con respecto a este destacado
personaje de la historia local es conveniente aclarar que han sido varios los
estudiosos que han sospechado del posible origen judeo-converso del
Condestable. Entre otros indicios, los sábados se abstenía de realizar
cualquier trabajo, en curiosa similitud con la celebración del shabat hebreo.
El Condestable fue asesinado en la Catedral el 21 de Marzo de 1473 por
“cristianos viejos”, y se significó por su defensa del colectivo judeoconverso.
Son de destacar en este
Palacio los restos del denominado “Salón Mudéjar”, Monumento
Histórico-Artístico que cuenta con un hermoso alfarje, donde Miguel Lucas
reunía a su pequeña corte. Frente a la puerta principal del Palacio del
Condestable, encontramos la calle Madre de Dios, por la cual ascenderemos en
busca del Arco de San Lorenzo.
El Arco de San Lorenzo es lo que resta de la
antigua parroquia homónima, de estilo gótico-mudéjar. Este edificio condensa en
pocos metros cuadrados una gran cantidad de historia. Atendiendo al tema que
nos ocupa en esta Ruta de la Judería, hemos de destacar que fue en esa antigua
parroquia de San Lorenzo donde estuvo expuesto a la devoción popular, en sus
primeros tiempos, el lienzo conocido popularmente como “Cristo de la Tarima”,
que también aludía a una curiosa leyenda con la que se pretendía desprestigiar
a la comunidad judeo-conversa que, como dijimos anteriormente, tenía en la
cercana calle Maestra y aledañas sus tiendas y comercios.
El Arco de
San Lorenzo es Monumento Nacional y en su interior destaca
especialmente la capilla de la planta baja, con unos hermosos azulejos moriscos
y yeserías. En dicha capilla se encuentran enterrados Juan de Olid, secretario
del Condestable Iranzo, y su esposa Isabel Rendelez.Actualmente es sede de la Asociación Cultural “Amigos de San Antón”.
Volviendo a la calle Maestra, continuaremos en dirección
hacia el antiguo barrio judío siguiendo la calle Martínez Molina, que se
presenta como una continuación de la anterior.
2. JUDERÍA.
Continuaremos nuestro
camino hasta llegar a la altura de la calle San Andrés, que encontraremos a la
derecha. En este momento comenzamos a visitar el espacio urbanístico de la ciudad vieja donde
los judíos habitaron y que recibía la denominación de “judería”.
Bajando esta calle
encontraremos la fachada de la Iglesia de San
Andrés,
que parece fue una sinagoga, como nos recuerdan en su interior unos hermosos
arcos túmidas, muy similares a los de otras sinagogas españolas. La propia
sobriedad de la fachada a la calle San Andrés, parece evocar la normativa
medieval que obligaba a los judíos a que sus sinagogas tuvieran un aspecto más
austero que el resto de las iglesias de la localidad. La orientación al este
del templo, su recoleto patio, etc., no parecen sino confirmar que estamos
ante una de las antiguas sinagogas medievales de Sefarad. Incluso la
inexistencia de fachada monumental a los pies del actual templo nos indica como
la entrada y salida a las sinagogas medievales se realizaba por las paredes
laterales, al objeto de no dar la espalda, al salir de las mismas, al muro Este,
donde se ubicaba el tabernáculo en el que se guardaban los Rollos de la Ley
Judía (Torá).
Anexas al templo
encontraremos una serie de interesantes dependencias que forman parte de la
Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora. Igualmente a los pies
de la iglesia está la “Santa Capilla”, capilla de la misma
cofradía anteriormente mencionada, de fecha muy posterior a la construcción de
la posible sinagoga. No podemos dejar de destacar la extraordinaria Reja que
cierra la Santa Capilla, obra del Maestro Bartolomé, una joya de la rejería
andaluza.
Para conocer el entramado
urbanístico del barrio judío de la capital, basta con acercarse a través del
cercano Callejón del Gato a un conjunto de calles
que solo cuentan con tres salidas al exterior, si bien actualmente no son
totalmente visitables, ya que parte de las mismas se encuentran cerradas al
tránsito, si bien se verán recuperadas en un futuro gracias a un Plan Especial
para la Recuperación de la Judería de Jaén. Este conjunto de callejuelas cuenta
en la actualidad con tres entradas o salidas, evocando los
conocidos guettos medievales y recordándonos el privilegio que los monarcas
concedían a los judíos (que eran súbditos reales), de poder cerrar sus barrios
con puertas, especialmente por las noches, como medida de protección ante
posibles ataques o revueltas. Las calles del Rostro y Santa Cruz, además del
Callejón del Gato, o las cercanas de Los Huérfanos, Remojadero del Pescado,
Real, y demás, forman parte del entorno del barrio judío de Jaén y su secular
trazado sigue guardando, a pesar de las modificaciones sufridas en sus viales
a lo largo de tantos siglos, la esencia del urbanismo característico de la
antigua judería de Jaén.
La Judería jiennense tuvo
el carácter de Aljama, es decir, debió contar con sus propias normativas
particulares y con edificios comunales tales como sinagogas, baño ritual
(micvé), taberna para el vino kosher, escuela religiosa (Talmud-Torá), etc.
Téngase en cuenta que la judería de Jaén estuvo habitada durante el siglo XIV
por unas 1.500 personas, como se desprende de la documentación que nos
traslada que el Rey Pedro I permitió el cautiverio de los trescientos cabezas
de familia judíos de la ciudad, por parte del reino musulmán de Granada,
durante las significadas luchas fraticidas con Enrique de Trastámara, a cambio
de apoyo para su causa.
Ello supuso una durísima
prueba para la judería de Jaén, de la que parece pudo rehacerse rápidamente,
pues a finales del siglo XIV aparece citada en el Padrón de Huete, junto a
otras juderías del Reino de Jaén, pagando en conjunto unos tributos no muy
distantes de los de la destacada judería cordobesa.
Tras las graves
persecuciones de 1391 contra los judíos españoles, al igual que ocurrió en
otras muchas juderías del país, el barrio hebreo giennense se convirtió en un
barrio de judeo-conversos. Una de sus sinagogas se transformó en iglesia de
Santa Cruz, en la que solo se celebraba culto cada tres meses, en una muestra
del escaso interés de los clérigos hacia los habitantes de la zona.
Es visita obligada en este
entorno la plaza del Doctor Blanco Nájera, popularmente conocida con el nombre
de plaza de los Huérfanos. En la misma se alza una gran Menorá (candelabro judío de siete
brazos), monumento a los judíos expulsados de España en la Edad Media. En dicho
monumento se recoge una inscripción en castellano y en judeoespañol o sefardí,
la lengua castellana que estos judíos han conservado durante siglos en los
países donde se asentaron a lo largo de toda la ribera mediterránea. Igualmente,
en esta misma plaza, existe un puente sobre los restos arqueológicos de una
antigua puerta de la muralla medieval , la puerta de Baeza, que era la
comunicación de la judería giennense con el exterior de la urbe. El puente
simboliza, además del paso de los judíos para entrar o salir de su barrio, un
puente entre culturas diferentes que un día convivieron juntas. Igualmente se
conservan en el subsuelo restos de las murallas y de una torre de dicha puerta
de Baeza. Con respecto a la Menorá mencionada, es la primera que se ubicó en
una vía pública de España.